
Era una de las noches de la tan famosa “Festival de Doma y Folklore” en las que andábamos dando vueltas, viendo si veíamos…. que se yo, lo que teníamos que ver o lo que queríamos ver, que tampoco se bien que era… jajaja. En el grupo ibamos unos cuantos que no me acuerdo bien ahora quiénes éramos, seguro que los de siempre pero me acuerdo si de Fabián y yo que escoltábamos a la “escultural Pita” que usaba esa noche un pantalón blanco, que en palabras de nuestra profesora de Derecho Usual y Práctica Forence (cuyo marido tiene apellido de animal de corral… ¿se dan cuenta quién es?) diría: “me quedaba como un GUANTE”. En una de esas interminables vueltas por el campo de la Doma cruzamos por delante de una tribuna, de la cual no nos fijamos sus ocupantes, cuando escuchamos un grito tipo sapucai que versaba… “yyyyyyeeeeeguuuuaaaa, ¿qué hacés suelta acá? Vos tenés que estar atada en el palenque…”, a lo que automáticamente nuestra amiga escoltada se da vuelta y les responde con un: “la put… que te par…”, cuando nos damos vuelta, con el otro guardaespaldas, vemos la dimensión de la tribuna, la cantidad de sus ocupantes, el grado de obnubilación que tenían ante tamaña aparición y, obvio, que frente no les estábamos por hacer, así que le dijimos a la Pita: “llamate al silencio y rajemos lo antes posible” así que despacito comenzamos a caminar rapidito y con la cabeza gacha…. Jajaja… si los amigos no estamos para esos momentos… ¿para qué estamos?

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